
jueves, 14 de febrero de 2008
de la mano del agua, vamos

jueves, 7 de febrero de 2008
de pichones y calefones

martes, 29 de enero de 2008
Piedrazo existencial
Hace tiempo que me sucede lo mismo.Cuando sin pensar en la felicidad, me siento cómoda y en unidad con el cosmos. Cuando terminando de cocinar no pienso en nada y siento una sonrisa en mi cara.
Cuando estoy en ese estado…
Zaz!
Cae una piedra sobre mí cabeza, o rebota a mi alrededor.
Miro hacia todos lados para ver si descubro de donde vino aquel contundente realismo. Nunca encuentro nada. Nunca encuentro a nadie.
Y pienso en la soledad.
Y pienso en la muerte que podría haberme provocado el piedrazo.
Luego pienso en la maldad gratuita y en la maldad bien remunerada, en las diferencias sociales.
Pienso en quien (carajo) se toma la molestia de arrojarme una piedra, si es que es alguien, o no.
Siempre el mismo piedrazo.
Y la piedra? Se pierde mucho antes que concluya mi reflexión:
El piedrazo es el que me hace ver que estaba en un momento felíz.
Pero… como es posible que tenga que pagar tan caro un simple espacio?
Y así ando, llena de moretones y marcas que se borran rápidamente.
La piedra y el rastro se borran al mismo tiempo. Solo quedo yo y todos los planteos que me ayuden a hundirme bien hondo, bien abajo, donde nadie me vea, donde una piedra no tenga otro destino que chocar con la tierra.
Tampoco se exactamente como salgo, siempre, de allí abajo.
Creo que es un haz de luz o un viento al revés, como una aspiradora
No se, pero es cierto que otra vez sé que estaba sintiendo felicidad, porque acabo de recibir un piedrazo existencial.
Ay, la piedra filosofal duele.
esperar que la pava hierva

Luego pasa.
Más luego te olvidás de cómo te dolía
En menos de lo esperado te lo volvés a agarrar.
Pero a mi amiga, la que espera que hierva el agua de la pava, le pasaba otra cosa.
El agua se le hervía y para el mate no le servía.
¿Pero no es que esperás eso? - Le dije
Sí, pero es una forma de decir… esperar que el agua hierva, esperar que esté lista para el mate.
Tal vez hay que esperar que el agua esté lista para el mate y no "que hierva…" - le aclaré
Mi amiga, la que espera que hierva el agua de la pava, llegó a su casa tarde.
Puso la pava en el fuego casi al mismo tiempo que la música.
En el estribillo del tercer tema escuchó el agudo silbido de la pava.
Entonces tiró la mitad del agua en la pileta de la cocina, llenó lo que quedaba, y como siempre volvió a ponerla sobre el fuego…
Se calentaban de la misma forma los pensamientos en su cabeza, y cuando se vislumbraban puntos de solución, los 100 grados centígrados entraban en ebullición y otra vez… había que tirar el agua… y todo era una porquería.
Todo, hasta los grados de la temperatura estaban en su contra, junto a aquel amor lejano del hombre que vive lejos. También la pava deteriorada y la humedad.
El jueves pasado la ví:
Entonces disfruta de unos ricos mates y piensa en otra cosa.
Su experiencia y el fastidio que me produce sacar los cubitos de la hielera, me ayudaron a no esperar que hierva el agua.
A agarrar lo que estaba esperando antes que siga de largo o antes de que se transforme en lo que se que no me va a agustar.
Si bien, a veces, el error está en lo que espero… pero no voy a discutir otra vez
Además, sabemos que la línea que separa un grado centígrado de otro (y eso es muy pequeño) puede arruinarlo TODO, o transformar, evolucionar, como sea... ya es otra cosa.
lunes, 28 de enero de 2008
una escena

martes, 22 de enero de 2008
En enero contra el suelo
Luego de unos días tomé la decisión de guardar aunque sea, la carpa en un armario.
Al tercer día, puse los dedos en aceite hirviendo para ver si todo era un sueño, y si yo, tal vez, estaría en verdad en las maravillosas sierras, respirando un increíble aire puro, a los pies de un arroyito de agua cristalina...
En el Instituto del Quemado me pusieron una crema antibiótico y me vendaron toda la mano. Luego volví por una curación, y cuando la enfermera quitaba mi piel con una tela y veía estrellas de esas que duelen, caí en la cuenta que no tengo fe. Necesito tener fe, al menos para decir: "por dios" o "ay dios mío" con certeza que estoy diciendo algo coherente.
La cuestión es que bruscamente regresé y acá estoy: diciéndole a él todo el tiempo que no creo estar acá, que como puede ser, que para que la ciudad, que porque no un pueblo, que las montañas, que la música del agua, en fin...
En cuanto termine de arreglar la vereda de casa (porque la rompí al caer y porque algunos vecinos se quejaron) voy a relatar un poco ese viaje a San Luis.
Encantada de volver.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
la bola de cosas

lunes, 10 de diciembre de 2007
se dice que una niña se volaba como un globo y se dice que una mujer intenta sostener otro con firmeza entre sus manos

Así que una niña se volaba a cada rato por un fuerte viento. Por suerte la agarraba siempre la misma vecina al verla pasar volando por la ventana de su departamento. La tiraba para adentro, de un brazo a veces, otras veces de una pierna, la bañaba, la peinaba y la perfumaba. La sentaba frente a los dibujitos animados y los miraba con ella. Mas tarde, ya entrada la noche, su mamá la pasaba a buscar y la tironeaba hasta su casa, balbuceando palabras de disgusto, porque no entendía como aún no tenía el peso suficiente.
No era la niña, era el viento.
No era la vecina, era el destino.
El lugar que escoge una hoja para dejar de volar.
El sitio en el que reposa la mariposa.
Tal vez, lo extraño en todo esto, no sea ni una hoja ni una mariposa
Sin embargo cada viento fuerte le volaba el cabello y le abría la boca, tan pero tan grande, que sentía casi la mandíbula partida. Al principio se agarraba fuerte del gato, quien astutamente se soltaba, entonces se sostenía de la manija de la puerta de su cuarto. Fuerte, fuerte, fuerte y otra vez se soltaba. El intento por sostenerse y salir victoriosa frente al fuerte viento, la lastimaba, y creo que ya al final de la resistencia, se soltaba orgullosa sabiendo que venía la mejor parte:
La parte en la que imaginaba ser un globo.
Una niña que vuela puede parecer un globo.
Una mujer que vuela es difícil de imaginar. En todo caso puede parecer alguna alucinación causada por alguna droga, un vestuario con relleno, una visón extraña, un grupo de bolsas arrojadas a la calle y a su suerte, un cartel desprendido, etc… en fin, cualquier cosa, menos un globo.
Una niña que vuela puede imaginar ser un globo.Una mujer que vuela no puede imaginar ser un globo. Tal vez crea en algún ataque terrorista, en alguna mala jugada del destino, en alguna tarea que quedó pendiente.
Lo cierto que es que un buen día en el que el viento continuaba muy fuerte, la vecina se mudó y la niña creció. También su peso aumentó y entonces ya no tenía que sostenerse del gato ni necesitó agarrar la manija de su cuarto para no volarse.
No se sabe que ocurrió primero, si la mudanza de la vecina o su crecimiento.
Sí se sabe que ya no vuela.
Desde su ventana observa algunos globos pasar y los agarra inmediatamente, pero siempre son simplemente globos.
A veces se detiene en el medio de un parque, abre sus brazos y siente la brisa suave que la atraviesa y siente su cuerpo lleno de aire sobre la tierra.
Señal de que ya no se vuela.
Señal de que no olvida.
Mientras tanto yo, camino intentando sostener una goma rellena de aire y atada con un hilo…
jueves, 29 de noviembre de 2007
respuestas

viernes, 9 de noviembre de 2007
texto de uno de mis trenes
El corazón, la cabeza, el alma y las piernas...Un tren. Me subo. Tengo que bajar. No se cómo. Me quedo.
Sigo viaje...
Miro por la ventanilla cantidades de estaciones, pueblos y sigo. Porque no se bajar. Mientras tanto tomo un café, como pastas y miro por la ventanilla.
Bajo solo para estirar las piernas y cuando escucho el sonido del timbre, la señal de advertencia que indica “El tren se va”, entonces apresuro el paso
[... veo el campo abierto y me siento correr sin darme vuelta. Fuerte, rápido. A veces tropiezo y sigo. Siento el sudor. Y no hay nada como una meta o algo así, y no hay nadie esperándome más allá. Pero corro, corro y corro...]
Entonces ya estoy arriba, aliviada. Ya volví a subir, con el corazón en la mano, con el aire en el pecho. Otra vez.
Y en cada parada igual. Siento el aroma que está en el aire. Lo respiro, y cuando lo tengo adentro no pienso. Exhalo. El sonido de alarma y otra vez arriba.
Llevo diez años arriba, y ahora se descompuso
El maquinista no sabe dar explicaciones. “Se paró”, dice. “Hay que quedarse acá”, pienso, pero no me animo a preguntarle si hay que quedarse adentro o si se puede bajar a estirar los pies... Si el maquinista me dijera que se puede bajar, no se que haría. Porque si comenzara a correr no llegaría a ningún lado, y si el tren no funciona no hay alarma, no hay timbre ni advertencia que me hiciera volver.... y si subo porque imagino que se va, me desilusionaría.
Entonces me siento a mirar siempre lo mismo, y a cada rato el maquinista me dice “el tren está descompuesto”Sí, sí, ya se, le respondo. O también le digo “en serio?, pero que barbaridad!”
Se me ocurre ir al último vagón y observo todo el recorrido del último trayecto hasta que se funde en el horizonte, e intento recordar que veía por la ventanilla. Me acuerdo de una señora con bolsas...
Que entraba a una casa. Las bolsas eran de comida, pienso que ya deben de haber terminado de comer, tal vez estén en la sobremesa, en familia, tal vez con frío o con calor. Recuerdo un pony, y otro pony, y otro... Porqué tantos ponys?. Me pregunto si algunas veces mirando por la ventanilla me habría dormido, porque no se, los ponys no me cierran para nada. Sí, sí, girasoles todo el tiempo, girando claro. Diez años de girasoles persiguiendo al sol, los he visto de todos sus ángulos. Puedo dibujar un girasol exactamente como es. Cuando reflexiono acerca de mis fotografías de niña, justo en ese momento se acerca el maquinista y me dice: “el tren está reparado, en cinco minutos partimos”...
Entonces sonrío.
Pienso en estirar las piernas.
Lo hago.
Esta vez salto con ambas piernas.
Respiro.
[...Suena la señal justo cuando veo que al final del campo, detrás de una línea punteada de color rojo, creo... hay alguien, humo, y... música.

Suena la señal y me pongo a llorar.
Suena la señal y me detengo.
Me subo
Suena la señal.
Sigo corriendo. No veo nada pero corro. Me canso pero sigo. Me caigo, me levanto y sigo. Camino, corro, no miro atrás. Corro hacia delante. En el camino me quito la ropa. Corro...]
es un texto del año pasado
SE TOMÓ UN AVIÓN

YO NO TUVE UN POTRILLO
YO NO TUVE UN POTRILLO yo no tuve un potrillo no pude verlo crecer en el campo al descuido de los eclipses y de los huesos a su galope mi ...
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miro el cerezo en el paisaje de aquella película me gustaría mucho olerlo como a mi me gusta oler pasando la mejilla sob...
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