son seis en el norte
y dos de ellos exploran,
con un poco de mis ojos,
entre montañas, la vida
son seis en el norte
y dos de ellos tienen
sus manos en mis bolsillos
en el frío de la noche
puedo hacer un montón de cosas
con los pies sobre este trópico
y mi frente helada sobre el polo
puedo resistir veranos religiosos
de siestas breves y peinados a la gomina
desatar nudos de piadosas mentiras
puedo contar historias de atrás para adelante
o coser
y coser
y coser
cerros con piel
tengo bordada
en el alma
una regadera:
mata de florcitas
apuntan el paisaje,
cae lo que se anima,
y ya soy grande
para viajar
sin boletos
hecha perfume
por si dos de los seis en el norte
necesitaran mi aroma
o por si otros dos
no pudieran encontrar su casa
luego hay dos que están tatuados
y uno es el mismo
sobre su piel de siempre,
riesgos de la naturaleza
tengo bordada
en el alma
una multitud
de expresiones calmas
pequeñas dosis de estrellas,
la luz en el llano,
y ya soy grande
para brillar
dormir y soñar
como si supiera
por si dos de los seis en el norte
necesitaran mi voz
o por si otros dos
no pudieran ver nada
luego hay dos
y de ellos,
uno
y
un montón
de queridos habitantes
de los pueblos
que ya son muchos
en el norte
entonces
viernes, 26 de diciembre de 2014
domingo, 14 de diciembre de 2014
el peso al hombro
Tuve unas estrellas al hombro en esos días,
tu aliento justo en mi próximo paso
y un gatillo que por las dudas,
se mantenía duro por oxidado
mojado en las lluvias
que a cada rato
nos inundaban los blancos.
Gotas disparos.
Dramas deshabitados.
Llanto evaporado.
Y seguíamos, con los disgustos enfrentados
aún fallando nuestros ojos el encuentro.
Tomamos algo de un recuerdo,
picamos algo antes de salir
para no morir de hambre en el camino.
Y una vez en ruta fina de una sola mano,
de animales veloces cruzados,
nos bendecimos en alto,
como las copas de los amigos.
Y en el fondo lo que pasó:
la borra de nuestro barro latido
se desliza salvando una noche tras otra
comprometiendo al velador
que monta guardia al lado de mi cama
Ni valiente
Ni cobarde.
Clik de Luz.
Y lo que no sucedió regresa
caprichosamente en mi marcha
como una señal divina primero
y sentándose sobre hielos después
Empedernido, lo que no fué,
suceso silencioso e inflado de posibles
(pochoclos de los títulos)
que no levantaron la mano
y así ganó por votación
el harto hallazgo
del peso de tu mano
sobre mi hombro
que yo creía
que eran estrellas
tu aliento justo en mi próximo paso
y un gatillo que por las dudas,
se mantenía duro por oxidado
mojado en las lluvias
que a cada rato
nos inundaban los blancos.
Gotas disparos.
Dramas deshabitados.
Llanto evaporado.
Y seguíamos, con los disgustos enfrentados
aún fallando nuestros ojos el encuentro.
Tomamos algo de un recuerdo,
picamos algo antes de salir
para no morir de hambre en el camino.
Y una vez en ruta fina de una sola mano,
de animales veloces cruzados,
nos bendecimos en alto,
como las copas de los amigos.
Y en el fondo lo que pasó:
la borra de nuestro barro latido
se desliza salvando una noche tras otra
comprometiendo al velador
que monta guardia al lado de mi cama
Ni valiente
Ni cobarde.
Clik de Luz.
Y lo que no sucedió regresa
caprichosamente en mi marcha
como una señal divina primero
y sentándose sobre hielos después
Empedernido, lo que no fué,
suceso silencioso e inflado de posibles
(pochoclos de los títulos)
que no levantaron la mano
y así ganó por votación
el harto hallazgo
del peso de tu mano
sobre mi hombro
que yo creía
que eran estrellas
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