miércoles, 20 de mayo de 2009

de tanta agua



lo fastidié de tanto llorar

llené de agua la casa

por eso, los que no sabían, tuvieron que aprender a nadar

y los que sabíamos, pensamos que estilo inventar


y sí, de tanta agua,

ya no sabe si camino sobre ella

o buceo, o simplemente floto


Tuve que inventar una suerte de tapón,

para desagotar la casa de vez en cuando

propuse, para no vivir en traje de buceo

estar de la cintura para abajo en traje de baño y ojotas

y arriba con ropa de calle


Cuando la lana de tu saco se humedezca

yo, saco el tapón, le dije.


martes, 19 de mayo de 2009

La miro ese día

¿Y para que querría una planta que me da una bellísima flor que solo dura un día?

Una vez, una de las niñeras que pasaron por mi hogar me regaló un yuyo.
... Ay, otro más, dije yo para mis adentros (cuando digo mis adentros, quiero decir que en voz baja, se va corriendo la bola por mi interior hasta que todos mis órganos se enteran, por eso es que cuando digo para mis adentros en general, luego me siento descompuesta)
Así fué que el yuyo creció, como todos mis yuyos de la escalera, mucho.

Luego, de la punta de cada rama de pasto de la planta, salió una especie de fruto, que si caía en tierra, al poco tiempo nacía una nueva prima del yuyo...

Y así, una mañana con los ojos apenas abiertos, estaba saliendo a comprar leche, y a tres pasos de la planta me detuve:

una flor increíblemente hermosa había salido.

Al día siguiente, intenté mostrarle la flor (a él, claro), y ya no estaba.

Resultó que la flor solo vive en esta vida un día. Ni mas ni menos.
Hice de todo, hasta me quedé mirando en una posta con la vecina de la casa rosa.
Y nada.

No se, si bien no la busqué, ella llegó a mi escalera
y a mí me gusta verla, aunque sea...
ese día.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El día en el que nos conocimos no llovía, le dije sonriendo
El día en el que nos conocimos era de noche, me dijo
Sí, recuerdo... recuerdo que desde tu auto la luna se veía espléndida, nunca había visto el cielo así... una y otra vez, mientras vos me hablabas y mirabas mi boca, yo no dejaba de observar esa luna... le dije.
Bueno, yo no recuerdo el cielo de esa noche, pero fué maravilloso, me dijo mientras tomaba las llaves del auto (el mismo auto) y encaraba la puerta de salida.
Beso, chau.
La otra parte él ya la sabe:
A los pocos días del primer encuentro fuimos al circo, a la carpa que estaba junto al río, y como hacía calor, bajé el vidrio de la ventanilla.... y ví que el color del paisaje cambiaba porque eran polarizados
Allí estaba la diferencia
La misma