viernes, 23 de enero de 2009

ya me fui de vacaciones

Irse no es sencillo y regresar tampoco lo es. Irse por lo que dejás
Regresar por lo que volvés a tomar

El bosque de pinos, la pinocha, la carpa, el sol, la arena
los juegos, la sonrisa, el intento de disfrutar esos quince días como si fueran los únicos tiempos despreocupados de los problemas cotidianos, abriendo los ojos cada mañana sabiendo que será distinto. Pensando que desayunar, almorzar, merendar y cenar entre pinos es casi lo que necesitamos para ser felices
y entonces cerrarle la puerta al mal humor y borrar las diferencias que molestan en otro lugar y en otro tiempo.
Un esfuerzo en los primeros días y natural en los demás atardeceres llenos de silencio.

Me dí cuenta que los pájaros tienen un cantar fuerte, que los pinos se balancean con el viento y las piñas caen sobre la arena.
Me dí cuenta que lejos de los edificios las estrellas son más, que el sonido del mar va y viene constante.
Me dí cuenta que El me mira con otros ojos,
le gusto despreocupada por la limpieza y el orden
y a mí me encanta no barrer
Me dí cuenta que a los dos nos gusta el mar aunque la piel tire luego de las olas, seca la sal por el sol y me dí cuenta que ambos estamos desentrenados de tanto ir de la cama al living y del trabajo a casa.
Me dí cuenta que tenemos mas panza que abdominales, y que ambos tenemos fuerza para caminar el camino de médanos sin canzarnos.
Me dí cuenta que no somos originales en la búsqueda de la armonía,
que toda la gente sonreía al saludar sin conocerse, que nunca estaba demás agradecer
cuando no nos sentíamos presionados en el sistema de las cuentas, los horarios y los reclamos.

Me metí en el mar, peligroso por su movimiento y por el color de la bandera
Recordé que de pequeña había más días de bandera celeste (todos)

Saqué una cuenta: si fuí al baño seis veces por día y cada vez caminaba dos cuadras de ida y dos de vuelta, y para salir a la playa caminaba cinco cuadras y lo hacía en un promedio de tres veces por día (no es que había días en los que me quedaba allí en la orilla del mar, sino que hubo días en los que no fuí a la costa), y caminaba para lavar los platos una cuadra de ida y otra de vuelta cuatro veces por día, y si caminaba ocho cuadras cada día para ir a la proveduría... en total caminé por día unas sesenta cuadras (bajo el sol casi siempre) y en toda la estadía alrededor de mil cuadras.
Podría decir c i e n m i l metros y el equivalente en kilómetros
y no me he quejado

Cuando estaba dándome cuenta desarmamos la carpa y regresamos
y en elviaje de vuelta, en los espacios que el pánico de la ruta me dejaba libre, pensaba en el intento de disfrutar de igual manera lo cotidiano, por lo menos ver aquello que se esconde detrás de las obligaciones y que siendo una cosita más entre las cosas, puede vivirse plenamente
Sobre todo porque no puedo sostener la idea de vivir ahogada trescientos y pico de días y solo respirar en el mar unos quince.... algo aquí hace ruido, y no es música.

Este, parece ser un objetivo para el dos mil nueve
La fotografía es de él (él es el autor de la fotografía: "presente y futuro")