martes, 29 de enero de 2008

Piedrazo existencial

Hace tiempo que me sucede lo mismo.
Cuando sin pensar en la felicidad, me siento cómoda y en unidad con el cosmos. Cuando terminando de cocinar no pienso en nada y siento una sonrisa en mi cara.
Cuando estoy en ese estado…
Zaz!
Cae una piedra sobre mí cabeza, o rebota a mi alrededor.
Miro hacia todos lados para ver si descubro de donde vino aquel contundente realismo. Nunca encuentro nada. Nunca encuentro a nadie.
Y pienso en la soledad.
Y pienso en la muerte que podría haberme provocado el piedrazo.
Luego pienso en la maldad gratuita y en la maldad bien remunerada, en las diferencias sociales.
Pienso en quien (carajo) se toma la molestia de arrojarme una piedra, si es que es alguien, o no.

Siempre el mismo piedrazo.
Y la piedra? Se pierde mucho antes que concluya mi reflexión:
El piedrazo es el que me hace ver que estaba en un momento felíz.
Pero… como es posible que tenga que pagar tan caro un simple espacio?
Y así ando, llena de moretones y marcas que se borran rápidamente.
La piedra y el rastro se borran al mismo tiempo. Solo quedo yo y todos los planteos que me ayuden a hundirme bien hondo, bien abajo, donde nadie me vea, donde una piedra no tenga otro destino que chocar con la tierra.

Tampoco se exactamente como salgo, siempre, de allí abajo.
Creo que es un haz de luz o un viento al revés, como una aspiradora
No se, pero es cierto que otra vez sé que estaba sintiendo felicidad, porque acabo de recibir un piedrazo existencial.

Ay, la piedra filosofal duele.

esperar que la pava hierva


A mi amiga, la que espera que hierva el agua de la pava, le dije que era cuestión de tiempo.

Que el dolor de un dedo agarrado por la puerta dura un determinado tiempo.
Luego pasa.
Más luego te olvidás de cómo te dolía
En menos de lo esperado te lo volvés a agarrar.

Pero a mi amiga, la que espera que hierva el agua de la pava, le pasaba otra cosa.
El agua se le hervía y para el mate no le servía.
¿Pero no es que esperás eso? - Le dije
Sí, pero es una forma de decir… esperar que el agua hierva, esperar que esté lista para el mate.

- Me dijo casi enojada
Tal vez hay que esperar que el agua esté lista para el mate y no "que hierva…" - le aclaré

Mi amiga, la que espera que hierva el agua de la pava, llegó a su casa tarde.
Puso la pava en el fuego casi al mismo tiempo que la música.
En el estribillo del tercer tema escuchó el agudo silbido de la pava.
Entonces tiró la mitad del agua en la pileta de la cocina, llenó lo que quedaba, y como siempre volvió a ponerla sobre el fuego…
Se calentaban de la misma forma los pensamientos en su cabeza, y cuando se vislumbraban puntos de solución, los 100 grados centígrados entraban en ebullición y otra vez… había que tirar el agua… y todo era una porquería.
Todo, hasta los grados de la temperatura estaban en su contra, junto a aquel amor lejano del hombre que vive lejos. También la pava deteriorada y la humedad.

El jueves pasado la ví:

Ya no espera el agua que sabe que no le va a servir…

Ella llega, pone la pava en el fuego, la música, y cuando el agua hierve, quita la pava del fuego, rápidamente y sin repasador. Abre el freeazer, toma unos hielos, se los tira adentro de la burbujeante agua y se acabó.

El que cantaba en el disco también terminó, así, como el chán chán del final de un tango.
Entonces disfruta de unos ricos mates y piensa en otra cosa.

Su experiencia y el fastidio que me produce sacar los cubitos de la hielera, me ayudaron a no esperar que hierva el agua.
A agarrar lo que estaba esperando antes que siga de largo o antes de que se transforme en lo que se que no me va a agustar.
Si bien, a veces, el error está en lo que espero… pero no voy a discutir otra vez

Además, sabemos que la línea que separa un grado centígrado de otro (y eso es muy pequeño) puede arruinarlo TODO, o transformar, evolucionar, como sea... ya es otra cosa.

Te queda igual?


no quiero quemar mi lengua

lunes, 28 de enero de 2008

una escena


El día en el que me besó por primera vez, vi la vía láctea claramente,

y la noche era nueva.

Sucedió luego de ir al circo.

Yo no pisaba un circo desde los siete años, donde me sacaron la fotito que se mira a través de la lupa...

Esa noche ví una moto volando, una mujer partida al medio y entera luego, un clown, acróbatas al borde, músicos pintados. Luego de todo eso, él me besó.
Como andaba por esos tiempos en donde repartía colores gratis. Donde esperaba horas nada. Cuando nada llegaba. Y mi melancólica mirada se escondía.
Como andaba pisando colchones y pegando saltos. Mojando mi cabello con el agua de lluvia y abriendo la boca para beberla.
Un personaje que atado a un globo volaba a la altura de las miradas, y así fue a dar con sus ojos.

Luego, como era de esperar, empezamos a armar las escenas.
Improvisaciones casi todas, terminaban siendo capítulos enteros de telenovelas o comedias norteamericanas.
O las más complejas como algunos dramas europeos, actuando una tristeza desmesurada hasta el primer plano de las lágrimas.
La lágrima en primerísimo primer plano resbalando por mi mejilla y entrando en la taza del café instantáneo, salpicando la mesa. Cámara lenta.


Toma uno, toma dos, toma tres, acción y otra vez mi libreto está en blanco.
Ni una letra para estudiar frente al espejo. No se que decir y me río
Hablo, me pregunto y me respondo por dentro, en silencio...
El filma mi mirada, está fascinado.

Toma uno, toma dos, toma tres, acción y ahora mi libreto está desbordado de palabras, monigotes, letras invertidas, tachaduras, caras dibujadas, números, cuentas.
Mi personaje tiene los textos de casi todos los integrantes del elenco.
Estoy mareada.
No tengo espejo para verme ni tiempo para ensayar.

Querías protagonizar la historia? Me dijo...
y ahora que hacemos? Ya firmamos los contratos, continuó...
Le respondí con una vuelta carnero, tres eles juntas, con la palabras mamá libro comechingones y poroto, con un ademán y una mueca.

Extraño el silencio, la página sin palabras. Nunca tuve "el miedo a la hoja en blanco"
¿Porqué, así, derepente, tengo tanto papel?
A veces hasta soy la escenografía de la obra, y hasta compongo las melodías y efectos especiales.
Hago dobles de riesgo y no me pasa nada
Hago de animales y también sostengo la luz para generar un clima.

Hablamos al mismo tiempo. Nos pisamos. Nos miramos para girar al mismo tiempo en una coreografía de danza contemporánea, donde rebotamos y saltamos al compás de cualquier ruido. Todas las escenas dicen sin orden.
El final al principio, anulando todo lo que viene luego

Cada día amanece el día del estreno.

Están dopados los enamorados? dice en una hermosa canción, Gabo Ferro...



martes, 22 de enero de 2008

En enero contra el suelo

Hace una semana aproximadamente llegué desde San Luis de una manera muy especial. Parece que fuí a dar con el suelo del barrio de Flores de la Ciudad Autónoma de Buenoa Aires, de golpe... de un salto involuntario desde el Cerro de Oro en la Villa de Merlo hasta acá, tardando días en despegarme de las baldosas del pasaje donde está ubicada mi casa. Curiosamente mi cráneo con el cerebro y todo eso, estaba intacto, por lo que me fué muy complicado pensar en ese regreso repentino. Mi cuerpo cansado, muy cansado, con un poco de fiebre y mareos.

Luego de unos días tomé la decisión de guardar aunque sea, la carpa en un armario.
Al tercer día, puse los dedos en aceite hirviendo para ver si todo era un sueño, y si yo, tal vez, estaría en verdad en las maravillosas sierras, respirando un increíble aire puro, a los pies de un arroyito de agua cristalina...
En el Instituto del Quemado me pusieron una crema antibiótico y me vendaron toda la mano. Luego volví por una curación, y cuando la enfermera quitaba mi piel con una tela y veía estrellas de esas que duelen, caí en la cuenta que no tengo fe. Necesito tener fe, al menos para decir: "por dios" o "ay dios mío" con certeza que estoy diciendo algo coherente.

La cuestión es que bruscamente regresé y acá estoy: diciéndole a él todo el tiempo que no creo estar acá, que como puede ser, que para que la ciudad, que porque no un pueblo, que las montañas, que la música del agua, en fin...

En cuanto termine de arreglar la vereda de casa (porque la rompí al caer y porque algunos vecinos se quejaron) voy a relatar un poco ese viaje a San Luis.

Encantada de volver.